LIA CRUCET La Más Grande Está grabando un nuevo compacto, será abuela por tercera vez y acaba de adoptar un bebé. La monumental cantante le pone el pecho a la vida...
-Laburé con todos: Alberto Olmedo, Jorge Porcel, Dringue Farías, Adolfo Stray, Ethel Rojo, Moria Casán, Naanim Timoyko, Vicente Rubino y Patricia Dal. Algún día me encantaría volver. Pero es una decisión que hoy no estoy en condiciones de tomar porque me gusta mucho cantar. ¡No podría dejar la música! Me gratifica más que actuar. El público de la bailanta es súper cálido... pero también muy bravo. -¿Por qué? -Tiene su carácter, es selectivo y, aunque pareciera que sí, no acepta cualquier cosa. No todos pueden hacer música tropical; si no, fijate lo que duran algunos grupitos nuevos. Si de permanencia se trata, Lía puede afirmar orgullosa que ya atravesó varias modas y su popularidad sigue intacta. Cuando hace ocho años dejó las plumas, le dijo adiós a la "Tetamanti", el personaje que hacía en el programa "Finalísima"; y grabó su primer disco para "Leader Music", no imaginaba que los ritmos tropicales conquistarían su vida. "Le caigo bien a la gente, no compito con las chicas (de hecho, mi club de fans está compuesto en su mayoría por ellas) y hasta los nenes me piden autógrafos." Pocas son las mujeres bailanteras que han contado con la aprobación del público. Sin la presencia de Gilda, sólo dos juegan en primera: Gladys, la bomba que llegó de Tucumán, y Lía. Más allá de su voz, hay algo en ella que se convirtió en su sello. Sus voluptuosas medidas causan estragos en el escenario. "En los recitales, los muchachos suben para tocarme. A alguno se les va la mano y me dan besos de los bravos. A tal punto que la música sigue y no puedo continuar cantando porque tengo al tipo encima de mí...¡Parece que les gusto!" -¿Te costó vivir con un físico tan... tan... impresionante? -¡Síii! Ya en el colegio tenía bastante para mostrar. -¿Eso te acomplejaba? -¡Por supuesto! Siempre era la última de la fila y el guardapolvo a tablas jamás me entraba. ¡No había talle para mí! Los chicos, que son muy sinceros, vivían cargándome. Esto me dolía mucho porque me hacía sentir diferente. -¿Sí o no a las cirugías? -A muerte digo que sí. Es lindo ver bien a una señora grande como Mirtha Legrand. Me gusta la gente coqueta, la que se cuida a pesar de los años. -Lía, la pregunta del millón: ¿lo tuyo es todo natural o alguna vez recurriste al cirujano? -¿Silicona, yo? Si tuviera una prótesis, cuando bailo no se me escaparía siempre un pezón. ¡Es una desgracia cómo se mueven mis lolas! Tengo pensado achicarlas y endurecerlas para dejar de hacer srip tease en el escenario. -Entonces, jamás visitaste a un médico plástico. -¿Quién dijo eso? Fui pero para que me sacara... Gracias a ello quedé en 117 y después de una dieta con Cormillot bajé a mis actuales 106.
Lía camina por una avenida de Núñez y nadie desconoce su presencia. Pasar inadvertida no es lo suyo. Ataviada con un ajustadísimo vestido a lo Morticia Adams, recibe todo tipo de actitudes y comentarios. "¡Tirame un beso!", "¡Te quieroooo!"; miradas con cuartas intenciones y hasta un micro cargado de adolescentes disminuye su velocidad para que los chicos puedan saludarla, Ella lo disfruta. Sabe que es la cosecha de una siembra que lleva años. Lejos de las modas, Lía ya es un clásico de la música tropical. Quién puede dudar de que se trata de la más grande... y esto sí que va sin dobles intenciones...
Nota: Pablo Mascareño
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